Estaba agotado.
Había sido un largo viaje, pero ya casi había llegado al final. Su trayecto terminaba justo al otro lado de la colina que se alzaba frente a él.
Había sido un largo viaje, pero ya casi había llegado al final. Su trayecto terminaba justo al otro lado de la colina que se alzaba frente a él.
De repente se dió cuenta de que le dolía todo el cuerpo, especialmente las piernas y los pies. La lluvia no le había dado ni un solo respiro durante los tres últimos días, y las millas recorridas por caminos embarrados le estaban pasando factura. Sólo la certeza de saber que al otro lado de la colina se encontraba «El Yelmo del Enano» le animaba a reemprender la marcha por el empinado camino.
Todo comenzó hace cuatro años en «El Yelmo del Enano». En esa posada vio por última vez a Valerya y a Kallo, sus amigos. Comenzó a pensar en si sería capaz de reconocerlos. La última vez que se vieron eran tres adolescentes fantasiosos que soñaban con grandes aventuras y convertirse en héroes como de los que hablan las leyendas. Sí, los bardos cantarían canciones sobre ellos.
Ahora, cuatro años después, estaban ya en la edad adulta. Él había cambiado. Medía poco más de dos varas y una cuarta de altura y tenía el cuerpo de un hombre robusto. Poco quedaba en él del niño que se marchó en busca de aventuras hace cuatro años. Valerya y Kallo, sin duda, también habrían cambiado.
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Un saludo,
Joru











